Un relato sobre diabetes: “Blanco y Verde”

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El curso de diabetes en la escuela, en el que se nos ha presentado el protocolo de actuación para alumnos diabéticos  se está desarrollando con gran éxito. Mañana finalizará con una sesión práctica, y una forma de concluir de forma esperanzada,  es este relato, sobre la experiencia de una madre que intentaba asimilar, con dolor, la aceptación de esta enfermedad crónica  en su hija. Quizás, nos ayude a entender todos los sentimientos que se viven ante una situación como ésta que, con el tiempo se normaliza, pero que en sus comienzos causa un gran impacto psicólogico en toda la familia.  Por eso, como maestros y maestras,  y  todos los miembros de la comunidad educativa de nuestra escuela,   intentaremos , en la medida de nuestras posibilidades, afrontar de la forma más positiva  la escolarización de estos niños y niñas.

Blanco y Verde 

            La niña se sienta sobre  las sábanas impecables. Sus ojos azules se llenan de preguntas que nadie sabe contestar y su mirada lanza, a través del espacio, mensajes sin palabras. Esos mensajes que sólo se leen en los momentos cruciales de la vida: el silencio del teléfono, que dice tantas cosas, el silencio de la niña, el silencio del hospital; un silencio como las sábanas: blanco y verde.

Desfilan ante la niña plásticos y metales, agujas y recipientes, máquinas y números Hasta ahora, las agujas estaban en el cuento de la bella durmiente, o marcaban la hora en el reloj de los siete cabritillos. Ahora le devuelven la vida. Ella se aferra a la fantasía y juega al juego de la sangre con otra niña igual que ella. Los adultos, mientras, aprenden la gran lección de coraje de los niños, capaces de digerir los más enormes sucesos… en blanco y verde.

Las madres, y los padres,  con el corazón derrumbado, pero no por ello menos valerosos, pintan sonrisas que contienen la amargura. Hay madres que sollozan en los rincones, las menos fuertes, en apariencia. Y llega la noche…el juego continúa. Hadas madrinas salen y entran de los cuartos de los niños, velan su sueño, miden, cuentan, sonríen, acarician, se enfadan, juegan, cuidan. Consuelan a las madres, a los padres, a los niños  que lloran .Hadas Madrinas vestidas de blanco y verde.

La familia son los niños y las niñas, las madres y los  padres,  los magos de fonendoscopio, y las hadas madrinas con varitas en forma de aguja. Los días pasan y el mundo se queda fuera, cada vez más distante, cada vez más lejano y diferente. Parece que nunca existió otra vida fuera de allí. La prisa por salir se atenúa. Un día  los niños y las niñas  ya no quieren irse. Van a la escuela del hospital, hacen amigos, se sienten queridos, protegidos. La vida ya  es para ellos, en blanco y verde.

Y llega  el día esperado con miedo. Las puertas del hospital se abren a la vida. La niña coge el  pequeño maletín con agujas y pócimas mágicas que sostienen su vida. Las hadas madrinas la  despiden, ella les sonríe lanzando besos con su mano de deditos agujereados, llenos de esperanza. Una esperanza blanca  y verde…

Este relato fue escrito en octubre de 2003.. Al fin, una parte de esa esperanza blanca y verde nos ha llegado de alguna manera a la escuela, materializada en forma de este protocolo en Extremadura.  Confío en que todas las personas implicadas estemos a la altura de esas esperanzas. Sabemos que no es fácil, pero tampoco imposible.  Un Gracias enorme, como madre y como maestra,  desde el fondo del corazón, a las personas que lo han hecho posible. GRACIAS.

Pilar Alcántara©

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