Archivos diarios: junio 5, 2019

ASCAPAS (Asociación de Padres y Amigos de los sordos)

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Esta mañana nos han visitado dos miembros de la asociación de ASCAPAS. Están realizando una campaña de sensibilización sobre la Discapacidad Auditiva.

Nos han contado  un cuento y a la vez nos han enseñado como se ponen las manos para nombrar a los animales.

¿ A QUÉ SABE LA LUNA?

Hacía mucho tiempo que los animales intentaban averiguar a que sabia la Luna.

¿Seria dulce o salada?. Tan solo querían probar un pedacito. Por las noches, miraban ansiosos hacia el cielo. Se estiraban e intentaban cogerla, alargando el cuello, las piernas y los brazos. Pero todo fue en vano, y ni el animal más grande pudo alcanzarla.

Pero un buen día, la pequeña tortuga decidió subir a la montaña más alta para poder tocar la Luna. Desde allí arriba, la Luna estaba más cerca; pero la tortuga no podía tocarla.

Entonces, llamó al Elefante

  • Si subes a mi espalda, tal vez lleguemos a la Luna.

Esta pensó que se trataba de un juego y, a medida que el Elefante se acercaba, ella se alejaba un poco. Como el elefante no pudo tocar la Luna llamó a la Jirafa.

  • Si te subes a mi espalda a lo mejor lo alcanzamos.

Pero al ver la Jirafa, la Luna se distanció un poco más. La Jirafa estiró y estiró el cuello cuanto pudo, pero no sirvió de nada. Y llamó a la cebra.

  • Si te subes a mi espalda es probable que nos acerquemos más a ella.

La Luna empezaba a divertirse con aquel juego, y se alejó otro poquito. La cebra se esforzó mucho, mucho, pero tampoco pudo tocar la Luna. Y llamó al León:

  • Si te subes a mi espalda quizás podamos alcanzarla.

Pero cuando la Luna vio al León, volvió a subir algo más. Tampoco esta vez lograron tocar la Luna y llamaron al Zorro.

  • Veras como lo conseguimos, si te subes a mi espalda, dijo el León,

Al avistar al zorro, la Luna se alejo de nuevo. Ahora solo faltaba un poquito de nada para tocar la Luna, pero ésta se desvanecía más y más. Y el zorro llamó al Mono.

  • Seguro que esta vez lo logramos.¡ Anda, súbete a mi espalda!

La Luna vio al mono y retrocedió. El mono ya podía oler la Luna pero de tocarla¡ ni hablar!. Y llamó al Ratón:

  • Súbete a mi espalda y tocaremos la Luna.

Ésta  vio al Ratón y pensó:

  • Seguro que un animal tan pequeño no podrá cogerme. Y como empezaba a aburrirse con aquel juego, la Luna se quedó justo donde estaba.

Entonces el Ratón subió por encima de la tortuga, del Elefante, de la Jirafa, de la cebra, del León, del Zorro, del mono y…de un mordisco arrancó un trozo pequeño a la Luna. Lo saboreó complacido y después fue dándole un pedacito al mono, al zorro, al León, a la cebra, a la Jirafa, al Elefante y a la Tortuga. Y la Luna les supo exactamente a aquello que más le gustaba a cada uno de ellos.

Aquella noche los animales durmieron muy muy juntos.

El <Pez que lo había visto todo, no entendía nada y dijo:

  • ¡Vaya, vaya!. Tanto esfuerzo para llegar a esa luna que está en el cielo. ¿Acaso no verán que aquí en el agua, hay otra más cerca?

Michael Grejniec. Kalandra

HASTA LUEGO